He conocido una historia que yo ignoraba, aunque hay mucha gente que ya ha escrito sobre ella, una historia de esas en las que hay mariposas revoloteando las entrañas, una historia para hacer muecas al pasado, para seguir confiando en la naturaleza y condición humana. La historia de una pareja china que se entregó de por vida al amor prohibido, dejando huellas perennes de su cariño. Una historia sencilla de dos personas extraordinarias, como tantos otros seres extraordinarios cuyas vidas jamás conoceremos. No seamos escépticos, ya sé que a algunas personas les parece una muestra de inteligencia y madurez, pero yo creo que el escepticismo sólo conduce a la perdida de entusiasmo, a perder la capacidad de asombrarnos, de ilusionarnos.
La historia se remonta a hace más de medio siglo...
Vivían muy lejos de las grandes ciudades, en la localidad de ChongQing, en la provincia de Hubei, situada al sur de China. En estas poblaciones rurales no se tenían en cuenta leyes como la del divorcio, seguían actuando de acuerdo a sus tradiciones milenarias, comportándose como habían hecho sus padres y antes sus abuelos y así durante generaciones. Los padres continuaban arreglando los matrimonios de sus hijos con otras familias cuando éstos aún eran niños, y ese era el caso de Liu Guojiang (1937), al que su padre ya le había elegido esposa. Pero el joven Liu, que en 1956 tiene 19 años, no iba a aceptar a la esposa elegida por su padre, un acto de rebeldía casi desconocido en la conservadora sociedad rural china. Y la causa de su negativa es que se había enamorado de otra mujer del pueblo, Xu Chaoqin (1927). El problema era no solo que Xu fuera 10 años mayor que Liu, ni siquiera que fuera viuda, sino que además tenía hijos.
El padre de Liu jamás daría su permiso para el matrimonio porque en aquella sociedad era inconcebible que el marido alojara en su casa y tuviera que alimentar y educar a los hijos que su mujer hubiera tenido con otro hombre y que podrían heredar en el futuro las tierras y el patrimonio de la familia. A Liu y Xu sólo les quedaba una salida para poder vivir juntos y era abandonar lo que hasta entonces había sido su hogar y sus familias y buscar un lugar alejado de todos donde pudieran fundar el suyo propio, y el único sitio donde pensaron que podrían hallar un refugio donde vivir su amor en libertad fue en las montañas. Durante un tiempo vagaron de un lugar a otro, sin ninguna posesión, sin dinero y comiendo cuando podían, pero la decisión de seguir juntos no les abandonaba. Por fin Liu y Xu encontraron una cueva en una zona muy escarpada y de difícil acceso, al abrigo del viento y les pareció el lugar adecuado para establecer su hogar. Al pie de la montaña había un pueblo, aunque el descenso de la montaña era complicado y desde la cueva Liu tardaba 2 ó 3 días en ir y volver junto a Xu que no se atrevía a descender.
Es difícil imaginar como podía ser la vida allí, sin luz, sin agua caliente, sin ninguna de las comodidades que nosotros damos por supuestas y de las que nos resultaría casi imposible prescindir pero, aunque pueda parecer un tópico, para ellos sólo era imprescindible el amor que se tenían, y a pesar de esas duras condiciones de vida tuvieron la fuerza y el entusiasmo necesario para vencer el frío, la escasez y el aislamiento en el que vivían para crear un hogar. Liu logró cultivar pequeños huertos próximos a la cueva que les permitía alimentarse a ellos y a los 7 hijos que tendrían en los siguientes años. Y así transcurría la vida de Liu y Xu, al margen del mundo, lejos de todo aquello que hace más fácil la vida, pero felices. Durante 5 décadas sus familias no tendrían noticias sobre Liu y Xu, en realidad estaban fuera del mundo, de la sociedad y nadie habría escrito su historia si unos excursionistas no se hubieran detenido con curiosidad ante unos escalones tallados en la dura roca de la montaña. Subieron por ellos y alcanzaron la cueva donde desde hacia 50 años vivían Liu y Xu.
Se convirtieron en noticia y su historia fue conocida gracias a un reportaje en una revista china llamda Chinese Women Weekly.
La escalera que les había delatado se convertiría en un símbolo de la fuerza y constancia del amor que se profesaban.
El gobierno local decidió preservar dicha escalera y el lugar donde vivió la pareja como un museo, para que esta historia de amor pueda ser recordada para siempre.
Los 6000 escalones de aquella escalera que recorría toda la montaña, escalones necesarios para salvar los 1550 metros de desnivel, hasta la cueva habían sido labrados uno a uno durante años y con infinita constancia y esfuerzo por Liu para que su amada Xu pudiera abandonar la cueva y pasear, haciéndola la vida más fácil y agradable. Qué fácil es escribirlo, pero labrar 6000 peldaños en la roca viva de la montaña se me antoja una hazaña comparable a erigir una pirámide, esa era la fuerza del amor de Liu por Xu.
El premio por esta historia fue recibido por uno de los hijos de Liu y Xu, quien acudió a la ceremonia con una pequeña y curiosa lámpara de queroseno hecha con un frasco de tinta por su propio padre. Él explicó que las lámparas caseras de queroseno habían sido la única manera en las que sus padres "iluminaron" su amor refugiados en la montaña, y explicó que éstos no estuvieron presentes en la ceremonia de premiación debido a su avanzada edad.
Apenas 3 años después de que su historia saliera a la luz, en 2009, cuando Liu tenía ya 72 años y seguía viviendo con Xu en la cueva que fue su hogar durante más de medio siglo, las fuerzas le abandonaron y murió en el lugar donde siempre habría querido despedirse de la vida, en los brazos de Xu.
El amor triunfa por encima de la intolerancia y la incomprensión de la sociedad de su tiempo que les quiso prohibir su amor, pero nada ni nadie les impidió compartir sus vidas y ser felices.
(Fuentes: El mentidero de Mielost y Kurioso)
Buenísimas tardes querid@s y no tan querid@s,
Es martes,
Fe también es etiquetar con deseos cada rincón vacio del alma, y cerrar los ojos confiando que al abrirlos algo o alguien los haya llenado. Y aunque no siempre podemos, a veces es necesario parar y dejar que el acuífero de la ilusión se recupere.
No me digáis que no es una bonita historia para leer mientras nos tomamos un café. ¿Café?
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