En un fogonazo, atisbó la lucha por vivir, el valor que eso exige, y se preguntó si tendría ese valor. La imagen de esa carrera sin final que lleva a la humanidad hacia su destino. Voy a morir, voy a morir -se dijo- y no habré hecho nada que exija un poco de valor y determinación. No habría hecho más que seguir dócilmente el curso de su vida, tal y como estaba trazado desde su nacimiento, el colegio, buena formación, una bonita boda, un hermoso hijo y después... Y después... ¿qué ha decidido que exija un poco de valor? Nada. No ha tenido ningún valor. Ha sido una persona que trabaja, que gana dinero, pero no ha corrido ningún riesgo. Ni siquiera en el amor ha corrido riesgos. Dice que ama, pero eso no le cuesta nada.
Su vida pasa y la deja pasar. Y de nuevo se siente presa del terror. Descubre con espanto un futuro de noches semejantes, de días semejantes, en los que no pasa nada, en los que no hace nada, y no sabe cómo detener esa visión que le hiela la sangre.
Hasta ahora....
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