sábado, 22 de septiembre de 2012

La ciencia de la paz






Aunque etimológicamente deriva del verbo latino patere -padecer-, haciendo un sencillo juego de palabras podemos decir que la paciencia es la ciencia de la paz. Es una definición certera, porque esta actitud vital nos enseña a estar en paz con nosotros mismos y con los demás.
Cuando dejamos de lado las prisas y las exigencias, de repente el mundo se vuelve un lugar amable y lleno de posibilidades. Empatizamos mejor con las personas de nuestro entorno, disfrutamos de lo que hacemos en cada momento y fluimos con el ritmo natural de las cosas. Las dificultades se convierten en acicates para avanzar y los fracasos, en oportunidades para hacerlo mejor la próxima vez.
Para ello debemos entender que hay un tiempo para cada cosa, aceptar que la existencia es un largo sembrar para ir recogiendo durante el camino. Y que lo mejor siempre está por llegar. Como reza un proverbio persa, "la paciencia es un árbol de raíces amargas, pero sus frutos son muy dulces".


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