jueves, 6 de septiembre de 2012

La estrategia de Kruschev





Una de las anécdotas más citadas de la política del siglo XX fue el inesperado ardid del primer ministro soviético Nikita Kruschev, quien, para ganarse la atención durante un discurso en las Naciones Unidas en 1960, se sacó un zapato y golpeó la mesa con él.
Preguntado posteriormente por esta reacción, Kruschev reconoció haber actuado sin premeditación alguna. Simplemente quería ser escuchado. Eso fue captado de inmediato por su audiencia, que quedó tan impresionada por aquel detalle que todavía hoy se recuerda.
Sin necesidad de caer en excentricidades como la del dirigente soviético, la espontaneidad es el mejor instrumento para los que nadan contracorriente y, sin ir en contra de nadie, reivindican su derecho a salirse de la manada.
El miedo que infunde nuestra realidad sometida al constante cambio hace que muchas personas se escuden en lo "normal" y "razonable" para lograr una aceptación social que las haga sentirse protegidas. Sin embargo, el reto de ser uno mismo requiere que salgamos de las emociones y opiniones estereotipadas y reclamemos nuestro propio lugar en el mundo.
Cuando dejamos de actuar para gustar a otros, para parecer lo que no somos, nos damos la libertad de ser genuinos y empezamos a marcar nuestro propio paso.

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