No me aferro a los recuerdos, ni a los buenos ni a los malos, pero sé que los tengo para echar mano de ellos cuando mi ánimo lo requiera.
Aunque hay uno, un recuerdo, una esencia que ocupa un lugar destacado en mi mundo.
Lo bonito es tenerlos ahí, en un cajón, y cogerlos cuando los necesito, pero no llevarlos siempre conmigo. Para mí sería una carga demasiado pesada para mi delicada espalda.
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