Dicen que no puedes hacer nada peor que esto: reducir a una persona a la categoría de una cosa. Y eso es lo que hace la posesión. Sólo las cosas se pueden poseer, dicen.
Puedes estar en comunión con un ser. Puedes compartir tu amor, tu poesía, tu belleza, tu cuerpo, tu mente, tu espacio, tu tiempo. Puedes compartir, pero no puedes hacer negocios. No puedes regatear. No puedes poseer a un hombre o a una mujer.
¿Pero qué ocurre si uno se siente posesión de otro? ¿Qué ocurre si lo que has querido desde el principio es ser su posesión?

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