lunes, 29 de abril de 2013

Las ideas envejecen




No existen enfermedades psicosomáticas, todos lo son.

Alguién podría argumentar que algunas no lo son porque están causadas por virus o bacterias, pero incluso en estos casos nuestros pensamientos juegan un papel clave.

Lo más espectacular no es que los pensamientos afecten al cuerpo, sino la precisión con que lo hacen. Esto es, el organismo responde exactamente a la idea que genera en el cerebro. El cuerpo reacciona al contenido de cada creencia. Positivas y negativas. Placebo-Nocebo.

¿En qué medida envejecer tiene algo de sugestión masiva? Damos por descontado que los mayores tienen más achaques. Compartimos una misma creencia consolidada por los datos. A veces nos encontramos con una persona de 90 años con una memoria impresionante, pero estos casos no hacen tambalear nuestra solidificada certeza porque para nosotros son "excepciones".

Si partimos de la científicamente probada existencia del efecto placebo y nocebo, esto es, de la influencia de las creencias en nuestro cuerpo, podemos empezar a pensar que nuestras certezas sobre el envejecimiento (pérdida de memoria, audición, flexibilidad...) pueden provocarlo o acelerarlo.

El paso de los años tiene sus consecuencias, pero nuestras creencias también. Es difícil saber en qué porcentaje contribuye cada uno de estos dos factores en nuestro envejecimiento. Lo que está claro es que nuestras ideas podemos manejarlas. Al sentenciar "estoy perdiendo memoria por la edad", "mi cuerpo ya no aguanta, es la edad"... nos precipitamos por un gran desnivel. Si atribuimos estos cambios a la edad y no a otros factores, nos abocaremos a la resignación. No hay nada mejor para perder la movilidad, la memoria... que dejar de usarlas.

Hemos de tomar conciencia de que los ancianos que nos rodean tienen mucho que ver con lo que pensamos que será nuestra vejez. Así que mejor ampliar los márgenes de nuestras ideas observando a aquellos que creemos excepcionales.

Había un eslogan publicitario que decía: "No pesan los años, pesan los kilos". Si lo retocamos podría quedar así: "No pesan solo los años, también nuestras creencias". 





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