miércoles, 15 de mayo de 2013

Releyendo...




El otro día estaba releyendo mis viejas notas del facebook, de cuando aún no tenía un blog en el que escribir, y me encontré con esta del 28 de octubre de 2011 que me gusta mucho y os la copio aquí, aunque yo por diferentes motivos me encuentre en otra situación ahora (para mi infinitamente mejor, a pesar de las dificultades por superar aun):



El otro día acabé un libro que me prestaron Verónika decide morir, de Paulo Coelho. Gracias Juan. Me ha encantado y además me ha enseñado muchísimas cosas.

Una novela sobre la locura y la pasión, de sueños y fantasías, de deseo y muerte.

Dónde se nos enseña que cada segundo que vivimos es una opción que tenemos entre la alternativa de seguir adelante o de abandonar.

Dónde no importa ser un loco, porque éstos continúan viviendo su vida de la manera que sueñan y no de la manera en que otros desean.

Dónde vemos con claridad que un gran número de personas comentan los horrores de la vida ajena como si estuvieran muy preocupadas por ayudar, pero en verdad se regocijan con el sufrimiento de los otros, por que ésto les hace creer que son felices, que la vida ha sido generosa con ellos. No pueden estar más equivocados.

Porque me doy cuenta de que quiero ser una loca para disfrutar de la libertad que ellos tienen.

Porque me he dado cuenta de que nunca aprenderé nada de lo que me cuenten, necesitaré descubrirlo por mí misma. 

Porque no voy a ir en contra del orden natural de la vida, que es lo que hace todo el mundo, pienso luchar para sobrevivir de cualquier manera.

Porque no pienso detestarme nunca más a mí misma por ser una cobarde por mi miedo eterno a equivocarme. ¿Qué pasa si me equivoco? Nada. 

Porque al leer esta novela hay un párrafo que describe perfectamente como ha sido mi vida todo este tiempo atrás y porque me he dado cuenta de que no quiero ser así nunca más:
Había conseguido una apariencia de mujer independiente cuando en verdad necesitaba desesperadamente una compañía. Había dado a todos sus amigos la impresión de ser un modelo que ellos debían envidiar, y había gastado lo mejor de sus energías en comportarse a la altura de la imagen que ella se había creado. Por causa de eso nunca le habían sobrado fuerzas para ser ella misma: una persona que, como todas las del mundo, necesitaba de los otros para ser feliz.
Muy bien: podía haber impresionado a mucha gente con su fuerza y determinación, ¿pero adónde había llegado? Al vacío. A la soledad completa.
Dejó que el sentimiento llegase sin preocuparse de si era bueno o no; ya bastaba de autocontrol, de máscaras, de posturas convenientes.

Porque al leer me he dado cuenta de que tengo que dejar de pensar en que causaré alguna molestia, coacción o perturbación a mis semejantes. Y que sí así fuera, éstos ya protestarían, y que si no tuvieran el valor para hacerlo, sería su problema, no el mío.

Porque voy a ser yo, y mi verdadero yo es aquello que yo soy, no lo que hicieron de mí.

Mirar que final:
Gracias por haber dado un sentido a mi vida. Yo vine a este mundo para pasar todo lo que pasé, intentar el suicidio, destruir mi corazón, encontrarte, subir a este castillo y dejar que tú grabases mi rostro en tu alma. Ésta es la única razón por la cual yo vine al mundo; hacer que tú retomases el camino que interrumpiste. ¡No hagas que yo sienta que mi vida fue inútil!





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