A lo largo de la vida he conocido a mucha gente que se preocupa por los demás, gente extremadamente generosa a la hora de dar y que siente un profundo placer cuando alguien les pide un consejo o apoyo. Hasta ahí todo bien; es genial el poder hacer el bien al prójimo.
Sin embargo, conozco a muy pocas personas que sean capaces de recibir algo, incluso cuando les es dado con amor y generosidad. Nos parece que el acto de recibir nos sitúa en una posición inferior, como si depender de alguien fuese indigno. Pensamos: "Si alguien nos da algo, es porque soy incompetente para conseguirlo con mi propio esfuerzo." O: "La persona que ahora me lo da me lo cobrará algun dia con intereses." O lo que es peor: "No merezco el bien que me quieren hacer."
No hay comentarios:
Publicar un comentario