No quiero acabar siendo una de esas personas tan inseguras bajo su ostentación, temerosas siempre de no saben qué, y eso es lo peor: miedo de llegar tarde al trabajo, de que les roben las ideas, de que les pisen el negocio, de que el vecino se compre un coche mejor, de que la esposa les exija demasiado en la cama o de que el marido falle cuando ella tiene más ganas...
Yo lo percibo a mi manera, creo que nunca están en su ser, creo que siempre están en el aire.
Creedme, hay que dejarse llevar. Hay que ponerse en la senda buena y correcta para escalar la vida, que es dura como la montaña más alta, pero te llena el corazón cuando estás en lo alto.
Por eso hay que asomarse y aprender a mirar desde arriba, sobre todo a la gente, para no amilanarse nunca.
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