Quiero descubrir, redescubrir la sensualidad de la vida diaria mes a mes y estación a estación. Necesito volver a enamorarme de la existencia cotidiana. No desconectar del mundo, que no mermen bajo ninguna circunstancia mis cinco sentidos.
Sentir de manera instintiva al quitarme los zapatos y al pisar el suelo de mi casa, que piso un lugar santo. Descubrir en ese pequeño gesto el milagro de lo sagrado en lo cotidiano, y así mi vida cambiará para siempre.
Asombrarme al percibir la calidez de una manta suave en mis noches de invierno, o al saborear un café en un momento de fatiga.
Y sólo así, sentiré que cada estación llega colmada de nuevas sorpresas y descubrimientos; y de esta manera irá llegando más intuición y más capacidad de maravillarme. Esta última será una experiencia de asombro y veneración cuando aprenda la magia de asistir al milagro de la luz matutina a través del cristal de mi habitación desde la cama.
Tendré la capacidad de disfrutar apasionadamente de la vida, del encanto de lo cotidiano, pese a las complejidades, compromisos y contradicciones.
Que bonito Marta, hay que fijarse mas en las pequeñas cosas y en los detalles.
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