¿Vivimos para elegir, o elegimos porque estamos vivos?
¿Quién soy yo realmente?
¿Qué me hace feliz?
¿He conocido el amor o solo he vivido la proyección de mi deseo de amar?
Como dice un buen amigo mío, elimina la pregunta y habrás hallado la respuesta, porque cada pregunta genera otra más y otra más y así hasta el infinito. Y es que las preguntas siempre generan conflicto.
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