El cuerpo a lo largo de la vida se va llenando de cicatrices, de rastros de tu vida, de muescas de la peripecia de existir.
Yo hago mías esas cicatrices y nadie las advierte. No son, ni llegarán a ser, ni mis angustias ni mis complejos.
O sea, el topicazo tan manido y tan cierto: no hay como quererse y aceptarse para que los demás te acepten y te quieran.
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