Muchas veces me he preguntado a mi misma qué dónde iba yo con 42 años y una hija de 11, y es posible que aún no haya encontrado la respuesta o, lo más probable, es que ya no la busque.
Lo que más me importa es que me he ido descubriendo a mí misma: a la mujer. Lejos de la madre, la amiga, la hija, la pareja, la amante. Lejos, lejísimos, de la que permaneció callada, sin importarle estar desatendida. Y muy feliz ahora de compartir y de ser escuchada.
Ya no siento la culpa porque al fin he comprendido mi esencia.
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