martes, 26 de noviembre de 2013

Sexo débil






¿Conocéis la comedia griega Lisístrata, de Aristófanes? Trata sobre una huelga de sexo.
 
Lisístrata, es una mujer ateniense, que harta ya de no ver a su marido, pues este está siempre en guerras, decide reunir a un grupo de mujeres, de diferentes partes de Grecia. Lisístrata les plantea, que tras mucho cavilar, ha llegado a la solución, de como acabar con la guerra del Peloponeso, y así poder ver a sus maridos; esto es nada más y nada menos, que la abstención sexual. En un primer momento las mujeres se escandalizan, pero tras el paso del tiempo las mujeres aceptan, y pactan un juramento por el que se comprometían a excitar a sus maridos pero no practicar el sexo. Cada mujer se encarga de propagar el juramento por toda su ciudad, así ningún hombre podría satisfacer sus deseos sexuales.

 
Fragmento del juramento inicial
Lisístrata: Lampito, todas las mujeres toquen esta copa, y repitan despues de mí: no tendré ninguna relación con mi esposo o mi amante.
Cleónica: No tendré ninguna relación con mi esposo o mi amante.
Lisístrata: Aunque venga a mí en condiciones lamentables.
Cleónica: Aunque venga a mí en condiciones lamentables ( ¡Oh Lisístrata, esto me está matando!)
Lisístrata: Permaneceré intocable en mi casa.
Cleónica: Permaneceré intocable en mi casa.
Lisístrata: Con mi más sutil seda azafranada.
Cleónica: Con mi más sutil seda azafranada.
Lisístrata: Y haré que me desee.
Cleónica: Y haré que me desee.
Lisístrata: No me entregaré.
Cleónica: No me entregaré.
Lisístrata: Y si él me obliga.
Cleónica: Y si él me obliga.
Lisístrata: Seré tan fría como el hielo y no le moveré.
Cleónica: Seré tan fría como el hielo y no le moveré.
Lisístrata: ¿Todas han jurado?
Mirrina: Todas.

 
Las mujeres toman la Acrópolis ateniense, donde se encuentra el dinero de la ciudad, así no podrá ser usado con fines militares. El coro de ancianos intenta echar a las mujeres de la Acrópolis, manteniendo una lucha verbal. Llega un comisario con arqueros, para intentar echar a las mujeres, pero ni aún así lo consiguen. La lucha verbal, pasa a corporal. Algunas mujeres, intentan dejarlo, pues no soportan más, pero Lisístrata las convence para que vuelvan a su puesto en la Acrópolis.
 
Los hombres de toda Grecia, andan quejándose pues tienen "inflamada la ingle".
 
Finalmente, desde Esparta, vienen unos embajadores para firmar la paz con Atenas, pues el deseo sexual es tan grande, que puede hasta con la guerra. Así cada hombre se va con su mujer, ellas felices por el fin de la guerra, y ellos felices por el apetito sexual satisfecho.
 



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