lunes, 15 de septiembre de 2014

Manos


Me encantan las manos. 
Me gustan mucho.
Lo dicen todo.
Lo dan todo.
Lo quitan todo.




De esas de: me gustaría que estuvieras aquí ahora.

Puede que haya tocado muchas, pero sólo recuerdo dos.

De las que lo dan todo.

A veces son firmes, de esas que no tiemblan jamás. 

De esas que construirán un universo en expansión.

Otras veces expresan mundos desesperadamente vacíos.

Hacen sentir bien a los demás, a mí, pero sin ti, son algo inerte. Necesitan tu alma.

Siesta, entre ellas.

Las tuyas, las mejores. Sí, esas.

De rezar y esperar.

De las que impiden males mayores.

O de esas que terminan en solitario.

O de las que te ponen todo en tu sitio.

A veces son esas que se despiden cuando todos se han ido.

Hay otras que te harán sufrir. Sin remedio. Sin piedad. Sin lágrimas.

A veces están tan cerradas, tan agarrotadas de odio, que no pueden acariciar.

Pueden expresar mundos desesperadamente vacíos.

Estas son las mías. Que vibran y tiemblan como las alas de una mariposa que tiene frío y busca tu calor. 





















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