miércoles, 3 de septiembre de 2014

Sin miedo al vacío


Lo reconozco: he sido cazada por la frustración, por la insatisfacción y por el enfado. 

Pero me siento bien. 

Porque he sido capaz de reconocer el dolor, la rabia, la tristeza, el resentimiento y la vergüenza; y entonces ha abierto su enorme boca un sentimiento mucho más profundo: el vacío.

Ese que siempre intentamos evitar a costa de lo que sea.

Y al principio me pareció angustiosamente insoportable.

Ahora no.

He visto que en realidad era el puente que necesitaba para lograr una auténtica catarsis emocional. No desconfío de este proceso regulador, simplemente he cambiado mi perspectiva, y me he dado cuenta de que de ese vacío emergen todas y cada una de mis posibilidades. Que el vacío no es una nada. Que mi vacío no es una nada. Que este vacío es un contenedor que admite todo lo que yo quiera ser. 

Y me siento bien.





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