Reunidos mi pasado (en adelante AYER), mi presente (en adelante AHORA), mi futuro (en adelante MAÑANA) y una servidora (en adelante no, porque ya se supone que la que escribe soy YO), y sin perjuicio de que, pese a llevar toda la vida juntas, a estas alturas todavía ninguna pueda fiarse de la otra, lo que sí hemos acordado es lo siguiente:
- AYER renuncia definitivamente a ejercer toda influencia sobre HOY. Y es que por la PRESENTE, y de una vez por todas, AYER se compromete a encontrar su lugar en la historia. Por supuesto que se le agradecen los servicios prestados, y se le reconoce el mérito de habernos ayudado a llegar hasta aquí. Cada una de sus medallas son los recuerdos que he decidido conservar, cuidar, deformar y maquillar. Hala, una plaquita conmemorativa, un homenaje. Y Ciao.
- Asimismo, AYER se compromete a comportarse, como lo que es, un mero punto de partida, una simple pista de despegue, o de desapego, según se mire, algo necesario para partir, para irse, para volar y viajar más lejos de lo que se está. En ese sentido, quedarse a vivir en él deja de tener sentido, pues como todo el mundo sabe, en una pista de despegue no se puede ni dormir ni follar ni ná de ná. Bueno, a lo mejor alguien sí puede, pero casi que no me lo presenten. Da igual.
- AYER no mueve molino. AYER ni lo has de beber. Pero AYER sí que cuenta cosas que siempre vale la pena escuchar y pensarse. Cuentos que hablan de aciertos y fallos. Cuentos para no soñar. O sí. Cuentos en los que a veces hasta se comen perdices. Y otras, barbas de un vecino que cortaron sin llegarse a remojar. Son ecos de los errores cometidos. Son ecos de los aciertos cometidos, viajan más rápido que el sonido para intentar evitar lo inevitable. Que caigamos en ellos dos veces. Que no ejerzamos nuestro derecho a estrenarlos en voz ajena. A estrellarnos en piel propia. Y así aprender a rectificar. O a justificarse. Qué más da.
- La función del MAÑANA queda relegada estrictamente al ámbito de los motivos, familiares directos de toda motivación. Está permitido que lo que nos pueda pasar nos dé cualquier cosa menos miedo. Porque el miedo es el antídoto de la ilusión, el bromuro de la vida. Que en el MAÑANA dejemos sólo aquello que nos empuje a continuar. Aquello que nos continúe empujando. Que sólo se respire esperanza. Y ya está.
- Aunque a priori parezca obvio, recuerda que NADIE tiene derecho a poseer tu MAÑANA. E hipotecarlo es, de alguna forma, hacerse con él. Donde digo hipoteca piensa en cualquier promesa. Cualquier cosa que sientas, la sientes HOY, pero el hecho de que no la puedas garantizar para el resto de tus días no desmerece PARA NADA tu sentimiento actual. Más bien al contrario, lo fortalece, lo engrandece, lo hace más bello, más vulnerable y por lo tanto muchísimo más verdad. La garantía, otra gran falsa falacia que queda derogada hasta nuevo desorden. Mi MAÑANA queda por tanto libre de servilismo y esclavitud. Sólo pertenece al mundo de mis sueños, de mis ilusiones, de mis ojalá. Y me pienso ocupar de que ahí no entren los yo nunca, los imposible, los yo ya te lo dije y los seguro que ya es el final. Jamás promesas. Si al final lo puedes cumplir, lo cumplirás. Y si no, ya me dirás para qué coño lo prometiste. Habrás mentido y quedarás mal.
- En cuanto al AHORA, en él deposito todo lo que tengo, porque eso es todo lo que hay. Al AHORA le hago acreedor y usufructuario de todos y cada uno de mis segundos, que son los primeros siempre en llegar. A él es a quien pertenezco y en él es donde pienso vivir a la voz de ya.
- Y para terminar, sólo decir que todo lo escribo en pleno uso de mis facultades motrices. Y ya está.
Déjame ser mañana.
ResponderEliminarTe quiero desde siempre, para siempre.
Quizá es hoy uno de esos días en que el corazón puede obtener lo que desea.
Eres perfecta desde algunos ángulos. Desde otros irresistible.
Déjame ser mañana.
¿Quién eres? Manifiéstate. Dices cada cosa, me sonrojo ;-)
EliminarPero es que yo quiero pegar mi cuerpo al de otra persona para siempre, para HOY, para MAÑANA. Con el que siempre me eriza la piel. Al que quiero que sea mi hogar.