Tengo mucho de cangrejo: muy dura por fuera y extremadamente blandita por dentro.
Mi apariencia fuerte, que no hostil, no es más que una fachada, un mecanismo de defensa para que nadie me haga daño, para que nadie vuelva a hacerme daño. Hace unos años dejé que se fuera cayendo, pero he vuelto a ponerme la máscara y la coraza. Los fuertes y los duros consiguen sobrevivir mejor.
A veces se me olvida que después de tanto tiempo con ellas, inevitablemente formarán parte de lo que soy.
A veces se me olvida que después de tanto tiempo con ellas, inevitablemente formarán parte de lo que soy.
Es cierto que siempre no me funciona. Hace que en ocasiones "esté a la que salta" y puedo mostrarme con un poco de agresividad e ironía, cosechando algún que otro conflicto. Pero por lo general, me controlo bastante bien.
Por suerte para mí, me libré del sentimiento de culpa que cargaba a mi espalda. Porque soy inocente: mi alma está libre de culpa. Solo así perdoné a quien había considerado que me dañó, comprendiendo que, más que maldad, el motor de los errores de los demás fue la ignorancia y la inconsciencia.
Sólo vivo sin coraza en mi intimidad más absoluta, ahí es donde acepto y siento mi propia vulnerabilidad. Esa es mi auténtica fortaleza.
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