Lo que me hirió más fue la falta de palabras junto a las expectativas y sueños que lentamente fui tejiendo entre mis manos.
Me hirió que a pesar de que podía sentir la verdad en mi cuerpo y hasta en el frío que sentía en los huesos nunca fuiste capaz de decírmelo. Con nosotros no hubo despedidas ni palabras desgarradoras, tú simplemente te desvaneciste, como si repentinamente hubieses tenido la habilidad de hacerte uno con el aire que respiraba.
Fui ilusa e ingenua.
Finalmente me decidí a dejar tu recuerdo. Tu presencia ya no formaba parte de mi vida cotidiana hacia meses.
Llegué a la misma conclusión que muchos antes que yo: que el amor que realmente importa es el amor propio y que amarse a uno mismo antes que a los demás nunca pasa de moda.
(Fuente: Teresa Donoso)
Y es que el amor nunca podrá ser una emoción pasiva ni unilateral.
Pero a veces nos enamoramos del contexto, de las circunstancias, de que esa persona aparezca en el momento en que necesitamos ser salvados.
En ocasiones no es el amor lo que se termina, sino la paciencia. Y durará tanto como lo cuides y lo cuidarás tanto como lo quieras.
Así que ya no deseo a mis amores ningún mal, ni les guardo rencor. Me prometí a mi misma nunca odiar lo que alguna vez me hizo feliz.
Y sí se fueron de mi vida siempre recuperaré algo: una cicatriz, la tristeza, a veces, incluso, el recuerdo. El amor nunca deja vacíos.
Buenísimos días querid@s y no tan querid@s,
Demasiado estricto el traje de un "no puede ser", como para pretender vestir con él a ciertos deseos que siempre serán asignatura pendiente.
Es jueves,
¿Café?

No hay comentarios:
Publicar un comentario