Son los que son siempre correspondidos. Quizás no encuentran el favor de la reciprocidad en espacio y tiempo, pero su huella siempre se graba a fuego en las mujeres que tienen el placer de conocerlos.
Son los que no imponen y no coaccionan. Ni tan siquiera se obsesionan por seducir, sino tanto por el placer de ser seducidos.
Son los que no sienten atracción por la reputación de las mujeres que les acompañan y suelen prestar más atención por aquellas cualidades que les harán sentir dichosos en cada uno de sus días.
Son a los que les importa más la lucha de una mujer por su verdadera identidad, y las consecuencias en forma de virtudes que esta lucha ha dejado en ellas.
Son los que suelen aliarse con las conquistas de sus compañeras, pues consideran que la felicidad de dos solo puede ser completa cuando ambos se sienten triunfantes en valores compartidos; no en posesiones o apariencias.
Son los que asumen que el amor puede acabarse y tienen vértigo de poder contemplar el precipicio de la pasión; pero no por ello renuncian a vivirlo.
Son los que aprecian el valor de la estabilidad y la rutina, pero siempre que se base en la verdadera voluntad de dos almas libres por permanecer unidas.
Son los que han contemplado demasiados corazones rotos por contentar a la galería, por lo que prefieren continuar haciendo arte y no tradición en eso de amar.
Los hombres que sí aman a las mujeres siempre aman de una forma que no duele, que no ahoga, que no entierra.
Y ahora dejad que os mire:
- Tú sí...
- Tú no...
Buenísimos días querid@s y no tan querid@s,
Es lunes,
Primero fue soñar, después vivir, más tarde aprender y ahora... ahora sonreír.
¿Café?
Un hombre que quiere a las mujeres de verdad ni se comparte ni nos comparte; y además no emite juicios sobre nosotras.
ResponderEliminarBueno, ya sabes, la clase se lleva dentro y la ruindad también. Es imposible ocultarlas, aunque muchos lo disfracen.
EliminarUn abrazo.