Hoy es un mal día.
Ayer fue un día horrible.
Empezó bien pero acabó fatal. De la peor manera. En silencio. Borrándolo todo.
Tengo que quererme más. Tengo que afirmarme más en positivo. Pero me cuesta todavía. Hoy más. Aún no puedo del todo. Parece que todo se derrumba a mi alrededor. Y yo me asfixio y no puedo respirar.
Aún siento miedo. De todo.
Y sé que tengo que dejar que todo lo malo me inunde, que me arrase, que me destruya, para que al final y de una vez salga de mi vida.
Sólo así llegará lo bueno, lo mejor, lo que, muy en el fondo de mí aún, sé que me merezco. Tengo que dejar que salga. Porque de esta manera estoy atrayendo a mi vida aquello que pienso, que siento, que odio:
Desolación.
Tristeza infinita.
Rabia.
Soledad.
Abandono.
Apatía.
Engaño.
Desamor.
Algo que se ha roto.
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