¿Me acompañará siempre y a todas partes? ¿Será una pesada losa que me impedirá disfrutar el presente y el futuro? ¿Volverá irremediablemente? ¿Podrán aceptar las personas que están conmigo, a mi lado, que mi pasado se actualiza en el presente? Podrán tolerarlo, creo, pero la aceptación es difícil, complicada.
Mi pasado, sin duda, es lo que me ha hecho llegar hasta aquí, un sitio en el que ya no estoy tan segura de querer estar. Y no es que sea un pasado ni oscuro ni tenebroso ni lleno de miles de historias ni miles de secretos, pero es un pasado vivido lejos de las personas que hoy me acompañan, es un pasado que viví sin la gente que en este presente me importan.
Y me siento atada. Y tengo momentos de gran felicidad y otros en los que me siento perdida y confusa, porque no sé muy bien hacia donde voy.
¿Mi pasado condena mi presente y mi futuro? ¿Un momento puede hacerme desgraciada para siempre? Lucharé para que no sea así.
Consufión, confusión, confusión...
Sé que si no pienso en mi futuro no lo tendré, y que éste comienza cuando me levanto cada mañana; que no huiré porque la huida no ha llevado a nadie nunca a ningún sitio; que no existe un comentario lo bastante grande para engullirme; que las buenas noticias siempre llegan demasiado tarde y las malas, demasiado pronto.
Y es que mi presente se ha formado de mi pasado, y lo que hoy me encuentro en el efecto estaba ya en la causa.
Iré cerrando las puertas detrás de mí para que se abran las ventanas hacia mi futuro.
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