miércoles, 27 de junio de 2012

Maldad













































Nada puede hacerme daño excepto yo mismo; el mal que me agobia lo llevo conmigo y jamás sufro realmente sino por mi culpa.
La definición que aparece en cualquier diccionario:
Condición negativa relativa atribuida al ser humano que indica la ausencia de moral, bondad, caridad o afecto natural por su entorno y quienes le rodean, actuar con maldad también implica contravenir deliberadamente usando la astucia, códigos de conducta o comportamiento.
Algunas definiciones indican a la maldad como el término que determina la ausencia de la bondad que debe tener un ente según su naturaleza o destino. De esta forma, el mal es el valor otorgado a algo que reune dicha característica, en ocasiones apartándose de lo lícito u honesto, perpetrando desgracia o calamidad, convirtiéndose en consecuencia en malo.
Y siempre relacionado con la existencia o inexsistencia de Dios, el porque existe la maldad en el mundo o si tiene una dimensión de enfermedad. Tiene connotaciones tanto filosóficas (naturaleza misma de la maldad), como psicológicas (pensamientos o comportamientos malvados), así como metafísicas y religiosas (¿de dónde proviene la maldad?, si Dios existe, ¿por qué hay maldad en el mundo?)
El problema del mal o también, paradoja de Epicuro, es estudiado en filosofía de la religión, en teodicea (acerca de la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal) y en metafísica como el problema que resulta al considerar la compatibilidad entre la presencia del mal y del sufrimiento en el mundo con la existencia de Dios omnisciente, omnipresente, omnipotente y omnibenevolente.
El problema del mal surge de la suposición de que un Dios omnisciente y todopoderoso debería ser capaz de arreglar el mundo según sus intenciones. Como el mal y el sufrimiento existen, puede parecer que Dios quiere o permite que existan, por lo que no sería perfectamente bueno, o no sería omnisciente porque no se percata de todo el sufrimiento del mundo, o no es todopoderoso ya que no puede arreglar el mundo para eliminar de raíz el mal. O efectivamente, no es plenamente benevolente.
Si creo que es reactiva y cuando una persona la ha recibido, la devuelve. Pero también que es un fenómeno tan complejo que no tiene una explicación única. Y que tiene un componente destructivo.
Que la inteligencia y la capacidad cognitiva de cada persona influye también en el punto de maldad. Así, cuanta más inteligencia, se puede actuar de manera más perversa y con mejor capacidad para engañar y esconder lo que se hace. Tener buenas capacidades cognitivas es ser un mejor perverso. Cuanto más lista es una persona, más "fina" es en sus actos perversos y violentos.
Sin llegar a ser malvados, si creo necesario tener una parte de agresividad, por otro lado necesaria en todos los humanos para poder defendernos, sin tener el componente destructivo del que hablaba antes.
Y es que la bondad extrema también tiene algo de trastorno, ya que no es adecuado no responder ante ninguna situación y, en este caso, sí que es destructivo no defenderse ante nada.

2 comentarios:

  1. Yo creo que nadie es solo malo, o solo bueno, o un pervertido, o gracioso, psicópata, etc. Creo que todos somos un poco de todo y el trastorno está cuando solo desarrollamos una de esas facetas. Tenemos un yo diferente por cada persona que nos ve y nos conoce.
    Un beso, Marta.

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    1. Es verdad que nadie es 100% puro. Depende de la situación que vivamos, delante de la persona ante la que nos encontremos, somos uno u otro.
      Y que tanto la maldad como la bondad extrema son trastornos está claro. Sepamos reaccionar ante ambas y encontremos el equilibrio entre las dos, en realidad, ante todo.
      Yo también te mando un beso.

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