miércoles, 17 de octubre de 2012

Dédalo e Ícaro




(Y es que a veces nuestra ambición hace que nos quememos).

La mítología helénica es una de las concepciones más geniales que la humanidad ha producido. Los griegos, amantes del orden, instauraron una categoría intermedia precisa para los semidioses y héroes. Grandes observadores crearon nuevos nombres para los diferentes fenómenos de la realidad natural.

Dédalo, prestigioso arquitecto, inventor y escultor, creador del famoso minotauro y de su laberinto, encargado por la esposa del rey Minos, de Creta. Por los muchos engaños cometidos por Dédalo hacia el rey Minos, éste le encierra en el laberinto, junto con su hijo Ícaro.

Con el pasar del tiempo a Dédalo se le ocurre la idea de construirse alas para escapar del laberinto, y comienza a juntar plumas, las cuales va uniendo con trozos de lino abandonados en el laberinto y cera extraída de los panales de las abejas. Así conforma los dos pares de alas que los elevan hacia el cielo de Grecia.

Los primeros momentos de vuelo son complicados, siempre lo son. Los cuerpos no encuentran el equilibrio exacto, por lo cual Dédalo recomienda a Ícaro que vuele siempre a una altura media: ni demasiado bajo, para no hundirse en el mar, ni demasiado alto, para que el sol no quemara las frágiles plumas.

Dédalo llevando la delantera no observa que Ícaro, deslumbrado por la belleza del firmamento y con la música de los pájaros, comienza a cobrar altura poco a poco. Hasta que llega el momento en que los rayos del sol comienzan a ablandar la cera que sujetaba las plumas y éstas empiezan a desprenderse poco a poco hasta que Ícaro cae al mar. Cuando Dédalo mira atrás, no encuentra a su hijo, pero ve dos alas que flotan en el mar y sobrevuela el lugar infinitas veces tratando de encontrar el cadáver de su hijo.

Al intentar encontrar la libertad intentando superar su condición humana, Dédalo termina pagando con la muerte de su hijo, joven impelente e inexperto, que se ciega ante la gran sabiduría de su padre y no puede distinguir el peligro con claridad.

Pero el mismo mundo se encarga de demostrarles que la realidad es la única verdad, pues cuando Ícaro se acerca al sol, el cual vendría a ser la verdad, éste se encarga de demostrarle cual es su condición humana. 

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