Lo que he aprendido según me voy acercando a mi madurez no son cosas sencillas, como adquirir habilidades e información.
He aprendido a no incurrir en conductas autodestructivas, a no dilapidar mi energía por causa de la ansiedad.
He descubierto como dominar las tensiones, y que el resentimiento y la autocompasión se encuentran entre las drogas más tóxicas.
He aprendido que el mundo adora el talento, pero recompensa el carácter.
He comprendido que la mayoría de la gente no está ni a favor ni en mi contra, sino que está absorta en sí misma.
He aprendido, al fin, que por grande que sea mi empeño en agradar a los demás siempre habrá personas que no me quieran.
Esto me resultó una dura lección al principio, pero al final ha resultado ser tranquilizadora.
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