viernes, 26 de octubre de 2012

Un fragmento de algo que leí




- Tú... eres... mía -gruñe, enfatizando cada palabra.

- Durante toda mi vida adulta he intentado evitar cualquier tipo de emoción intensa. Y sin embargo tú... tú me provocas sentimientos que me son totalmente ajenos. Es muy... -arruga la frente, buscando la palabra-... perturbador. A mí me gusta el control, y contigo eso... -se incorpora, me mira intensamente-... se evapora.

Esas fotos que te hizo ese chico... comprendo cómo te ve. Estás tan guapa y se te ve tan relajada... No es que ahora no estés preciosa, pero estás aquí sentada y veo tu dolor. Es duro saber que he sido yo quien te ha hecho sentir así.

Pero yo soy un hombre egoísta. Te deseé desde que apareciste en mi despacho. Eres exquisita, sincera, cálida, fuerte, lista, seductoramente inocente; la lista es infinita. Me tienes cautivado. Te deseo, e imaginar que te posea otro es como si un cuchillo hurgara en mi alma oscura.

Se me seca la boca. Dios... Si esto no es una declaración de amor, no sé qué es.



No hay comentarios:

Publicar un comentario