En ocasiones pienso en lo difícil que resulta manejar el amor y el odio. Si los humanos proyectamos esas pasiones y esas fobias en otras personas es porque necesitamos dar salida a ese hervidero de emociones confusas que oscurecen nuestras relaciones con los demás. Somos animales sociales y, para vivir una vida que merezca la pena de llamarse vida, tenemos que compartirla con los otros. Necesitamos de los demás, y esa necesidad esencial nos debilita y fortalece. Les queremos, les odiamos; a veces hasta les queremos y les odiamos al mismo tiempo; nos medimos con los otros, nos sentimos más grandes que ellos, nos sentimos más chicos; daríamos la vida por ellos o los mataríamos. Compartir la existencia es un maldito lío y nuestras contradicciones emocionales no parecen haber mejorado mucho desde la época de las cavernas.
Pero es que las emociones son así, un ámbito turbio y turbador. Por eso debemos tener cuidado, porque el sufrimiento cuando es extremo, puede romperte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario