Todos hemos tenido 20 años... Cuando los tuvimos los de mi generación, la noche era una cita más que obligada cada fin de semana. Muchos grupos de amigos de esa edad teníamos un bar como cuartel general. Era nuestro bar y lo teníamos colonizado como si fuera nuestro refugio particular al margen de cualquier norma familiar impuesta desde las propias raíces.
Y aún podemos ir más allá, pues cuando teníamos 20 años, no sólo son las normas familiares las que estaban ahí para ser quebrantadas, sino también las sociales, las políticas, las morales. Se producía en nosotros una explosión interna que difícilmente podíamos controlar y mucho menos aún podían controlar los demás.
Una edad, los 20, en la que creíamos que éramos los más sabios, los que más habíamos vivido, aunque en realidad no sabíamos nada y aún nos quedaba todo por vivir. Una edad en la que nada y todo nos importaba, en la que la sociedad era basura y la política una cosa que se encontraba al final de nuestra lista de inquietudes, o ni siquiera aparecía. El futuro no existía entonces. Pero para eso se es joven, para probar cosas, para experimentar. Para eso y para desafiarlo todo.
Todos tuvimos 20 años...
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