lunes, 9 de diciembre de 2013

Certero




Tendríamos que ser certeros siempre, que las nuestras fueran verdades desnudas de adorno alguno, humanidad pura hecha palabra porque esa es la herramienta que tendríamos que dominar a placer; las palabras a través de las que desnudaremos el alma propia y la ajena, para colocarnos así desnudos como nacemos y somos frente al espejo de nuestros propios ojos.
  
 
Sonrío ante la cara y la cruz de este concepto y de otros tantos cada día, ante la inexistencia de las verdades absolutas porque, me pregunto, este egoísmo que nos cubre a todos, ese sin el que no ha nacido todavía ser humano alguno ¿es tan malo como lo pintan?
 
No -respondo categóricamente-, no; el egoísmo es una necesidad tan humana como la propia bondad y su función no es otra que nuestra propia supervivencia; sin la consciencia de uno mismo, sin el instinto que convierta esa consciencia en las acciones y los hechos que aseguren que seguimos respirando y caminando, quizá fuésemos ya una más de tantas especias extintas.
 
Me siento al instante frente a mi ordenador porque cuando las ideas fluyen y se van hilando unas con otras formando mapas conceptuales que atiborran mi cabeza, es el momento de sentarse y dejar fluir para liberar mi ser de tanto revuelo.
 
La belleza es un anhelo egoísta, el sentir de un ego que sólo quiere deleitarse frente a las cosas bonitas: un ego que se pinta en oro y viste su intimidad en tules bordados y encaje de calais, uno que se enjoya y complementa elevándose sobre sofisticados zapatos de tacón con la íntima intención de convertirse en un objeto de belleza a sus ojos... a los de él, un tipo con suerte rendido igualmente a su egoísmo, que viste guapo y brinda on the rocks abandonado ya a su suerte el vehículo que más y mejor completa su belleza. El lugar es de ensueño, indiscreto y luminoso y el sueño infinito y viajero, con algo de imposible y mucho de deleite...
 
Y es que el mayor egoísmo es pura ansia por ser y ser feliz... claro que luego están las disfunciones; disfunciones que llevan a algunos especímenes a confundir ser con tener o a pensar en 'tú o yo' en lugar de 'tú y yo'... Es entonces cuando la cara del egoísmo da la vuelta y muestra su cruz, la peor versión de sí mismo, que lo convierte en un arma arrojadiza y fea que daña a quien quiere tras destruir siempre primero a quien viste...
 
Así que me recuesto en la silla libre ya mi mente de toda divagación egoísta y pensando si algún día lograré componer algo con tantos trozos sueltos e inconexos que voy dejando en el papel virtual, en mi nube personal...
 
Mi móvil emite un pitido. -¿qué te cuentas?- díce un whatsapp que me arranca, a la vista de la pantalla del ordenador, la más grande de las sonrisas... -Egoísta!!- respondo... y casi puedo escuchar su risa desde el otro lado.
 
Viene entonces a mi cabeza una frase de Saramago... 'lo díficil no es vivir con las personas, lo difícil es comprenderlas' y siento que, de algún modo, hemos hecho ya lo más difícil, que es la tarea de vivir y vivir juntos, que es la que se nos rebela una y otra vez...
















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