Tendríamos que ser certeros siempre, que las nuestras fueran verdades desnudas de adorno alguno, humanidad pura hecha palabra porque esa es la herramienta que tendríamos que dominar a placer; las palabras a través de las que desnudaremos el alma propia y la ajena, para colocarnos así desnudos como nacemos y somos frente al espejo de nuestros propios ojos.
Sonrío ante la cara y la cruz de este concepto y de otros tantos cada día, ante la inexistencia de las verdades absolutas porque, me pregunto, este egoísmo que nos cubre a todos, ese sin el que no ha nacido todavía ser humano alguno ¿es tan malo como lo pintan?
- No -respondo categóricamente-, no; el egoísmo es una necesidad tan humana como la propia bondad y su función no es otra que nuestra propia supervivencia; sin la consciencia de uno mismo, sin el instinto que convierta esa consciencia en las acciones y los hechos que aseguren que seguimos respirando y caminando, quizá fuésemos ya una más de tantas especias extintas.
Me siento al instante frente a mi ordenador porque cuando las ideas fluyen y se van hilando unas con otras formando mapas conceptuales que atiborran mi cabeza, es el momento de sentarse y dejar fluir para liberar mi ser de tanto revuelo.
La belleza es un anhelo egoísta, el sentir de un ego que sólo quiere deleitarse frente a las cosas bonitas: un ego que se pinta en oro y viste su intimidad en tules bordados y encaje de calais, uno que se enjoya y complementa elevándose sobre sofisticados zapatos de tacón con la íntima intención de convertirse en un objeto de belleza a sus ojos... a los de él, un tipo con suerte rendido igualmente a su egoísmo, que viste guapo y brinda on the rocks abandonado ya a su suerte el vehículo que más y mejor completa su belleza. El lugar es de ensueño, indiscreto y luminoso y el sueño infinito y viajero, con algo de imposible y mucho de deleite...
Y es que el mayor egoísmo es pura ansia por ser y ser feliz... claro que luego están las disfunciones; disfunciones que llevan a algunos especímenes a confundir ser con tener o a pensar en 'tú o yo' en lugar de 'tú y yo'... Es entonces cuando la cara del egoísmo da la vuelta y muestra su cruz, la peor versión de sí mismo, que lo convierte en un arma arrojadiza y fea que daña a quien quiere tras destruir siempre primero a quien viste...
Así que me recuesto en la silla libre ya mi mente de toda divagación egoísta y pensando si algún día lograré componer algo con tantos trozos sueltos e inconexos que voy dejando en el papel virtual, en mi nube personal...
Mi móvil emite un pitido. -¿qué te cuentas?- díce un whatsapp que me arranca, a la vista de la pantalla del ordenador, la más grande de las sonrisas... -Egoísta!!- respondo... y casi puedo escuchar su risa desde el otro lado.
Viene entonces a mi cabeza una frase de Saramago... 'lo díficil no es vivir con las personas, lo difícil es comprenderlas' y siento que, de algún modo, hemos hecho ya lo más difícil, que es la tarea de vivir y vivir juntos, que es la que se nos rebela una y otra vez...
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