jueves, 29 de mayo de 2014

Dos formatos





Nadie existe sin entrelazar su vida. Nadie vive completamente por sí mismo, aunque viva aislado. En nuestra mente están los demás, están los fenómenos que nos envuelven, están los recuerdos y las proyecciones, está lo cercano y está lo trascendente. La existencia se basa en la interrelación de todo lo que habita en ella. Por eso somos seres entrelazados. Vivamos solos o en comunidad, el otro está ahí siempre presente.
 
Sin embargo, la presencia de ese individuo, o del grupo, la familia, la pareja, la comunidad, la sociedad, se convierte en un difícil ejercicio entre ser uno mismo y serlo con los demás.
 
Al hacernos con los demás tendemos a tres conductas defensivas ante el miedo a no encajar o, por el contrario, ante el temor a quedar diluidos entre los prejuicios sociales y los intereses ajenos. o bien nos adaptamos en exceso, o nos rebelamos ante todo, o quedamos encerrados en nuestro cascarón procurando no molestar al mundo ni que el mundo nos moleste. Son intentos fallidos de una adaptación natural, es decir, la que mantienen un sano equilibrio entre vivir y dejar vivir. Entre ser uno mismo sin dejar de serlo ante los demás y, a la vez, reconociendo a los demás en lo que son.
 
Superar la aprobación social, al igual que cualquier aspecto disfuncional de nuestra vida, pasa por el autoconocimiento y el proceso de hacerse individuo, de devenir uno, indivisible, íntegro en lugar de disociado y fragmentado.
 
Hay que desvelar las creencias y los miedos ocultos que las sostienen. Sin entrar ahí, difícilmente podrá haber integración. Muchas personas creen que si sueltan la rabia, el resentimiento o la ira, provocarán una avalancha sobre los demás de consecuencias indescriptibles. Se trata de un temor infundando porque en realidad ocurre todo lo contrario: la persona queda liberada. Desahogar las emociones forma parte de tenerlas.
 
En cambio, lo inhumano es tragárselas, dejar que se conviertan en tóxicas o expulsarlas agrediendo a los demás. Toda emoción trae consigo información sobre nosotros y sobre el medio. No la podemos desaprovechar. Otra cosa es como la gestionamos, cómo la comunicamos. Cuando somos capaces de hacerlo, se produce un milagro: allá donde creíamos que nos despreciarían, nace el respeto y la dignidad.
 
"Sólo negando puede uno vivir. La afirmación es esclavitud. Cuestionar y negar es necesario. Es la esencia de la rebelión y sin rebelión no puede haber ninguna liberación". ((Sri Nisargadatta Maharaj)






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