Terminé hace muy poco un libro que se llama Todo lo que podríamos haber sido tú y yo sino fuéramos tú y yo, de Albert Espinosa. Es muy curioso, o al menos a mí me lo ha parecido. Y además tiene algo que me ha gustado mucho, y es que dice que tenemos casi tantas vidas como los gatos, en concreto seis, y que estas vidas las vivimos en seis planetas diferentes. Que en el cuarto planeta o vida te dan un don extraño con el que puedes saber como es emocionalmente la otra persona con solo mirarla. Es como ver al instante su recuerdo más placentero y el más horrible. También ves doce sentimientos intermedios.
Lo que me ha llevado a pensar que quizá esta no es mi primera vida.
Pero que aún no he pasado a la quinta. Porque según el libro en el quinto planeta te dan el don de saber que has vivido cuatro vidas más y conoces como fue tu vida en cada uno de esos planetas. Así que ya puedes elegir si quieres seguir viviendo en el quinto o directamente marcharte al sexto.
Lo que de nuevo me hace pensar que debo estar en el cuarto, o casi. Porque hay con personas, cercanas a mí eso sí, a las que miro, y sé sin que me lo hayan contado ni yo haberlo vivido, cuál han sido sus dos momentos, el recuerdo más placentero y el más horrible. Y, a veces, según quien sea esa persona para mí, duele darse cuenta de que yo no me encuentro en su recuerdo más placentero, si acaso, en uno de los doce sentimientos intermedios. Y, claro, en estos casos es mejor ni preguntar para cerciorarse, porque la otra persona te intuirá y siempre contestará algo bonito, dentro de lo que una desea escuchar y que no se corresponderá con la realidad.
En honor a la verdad, os diré que los doce sentimientos intermedios a veces no los veo con claridad, lo que me hace dudar de esta interesante teoría.
Algunos pensaréis que estoy un poco loca, yo prefiero pensar que soy un poco bruja.
Y me gusta mucho creer, imaginar, ilusionarme, con que después de esta vida tendremos cinco más. Que no se acaba todo. Que tenemos más de una oportunidad.
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