jueves, 26 de junio de 2014

Un paso de enano, un paso de gigante










Empezar algo requiere un esfuerzo, cualquier proyecto se hace de pequeños logros diarios. Y abordarlos marca la diferencia entre el éxito y el fracaso. Pero resistir es ganar. El primer movimiento es mucho más difícil que los que vendrán a continuación. Y nos exige una importante concentración de energía, sobre todo si es algo que no hemos hecho nunca, y al final, dedicamos más tiempo a pensar que a ponerlo en práctica. Meditar en una tarea pendiente agota más que trabajar en sí.
 
Hay que visualizar todo lo que nos merece gratitud y lo que deseamos alcanzar: el hecho de vivir, poder experimentar placeres, disfrutar de las personas que nos quieren y que dotan de sentido a nuestra existencia. Así disipamos pensamientos y sentimientos negativos. La sonrisa se pintará en nuestra cara y no tendremos arrugas en el entrecejo.
 
Y sería muy bueno que dejáramos de lado la inmediatez a la que normalmente estamos acostumbrados, ya que el solo hecho de que los resultados en ocasiones se hagan esperar, nos hace contribuir al abandono. Mejor un paso firme cada día. Fuera la pereza, la dispersión y las dudas. Disfruta de tu camino.
 
"Proyecta lo difícil partiendo de donde aún es fácil. Realiza lo grande partiendo de donde aún es pequeño. Todo lo difícil comienza siempre fácil. Todo lo grande comienza siempre pequeño". (Lao-Tsé)
 
Aprovechemos que nuestra capacidad de pensar no tiene ni conoce límites; nuestros pensamientos son libres de alcanzar cualquier altura, pero con frecuencia pensamos sólo hasta un punto y no más allá. Utilizamos nuestra capacidad de pensar para construir barreras que después no nos atrevemos a cruzar. Y debemos dejar que nuestros pensamientos y actos se conviertan en una escalera hacia una nueva libertad y una mayor aventura en nuestras vidas.

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