miércoles, 8 de octubre de 2014

La caja de Pandora



Bueno, en realidad, nunca fue una caja. Según la mitología griega era un recipiente, seguramente un ánfora o una jarra. Y según el mito este recipiente contenía todos los males que aquejaban a la humanidad.
 
Lo cierto es que hay verdades que no deberíamos conocer nunca.
 
Pobre Pandora. Zeus la envía a casarse con Epimeteo, un hombre no demasiado brillante a quien ni siquiera conoce, llevando como regalo nupcial un ánfora misteriosa herméticamente tapada. Nadie le ha explicado el contenido del ánfora. Nadie le ha advertido que no la destape. Pero, naturalmente, ella la abre. ¿Qué otra cosa puede hacer? ¿Cómo iba a saber ella que todas esas calamidades iban a escapar del interior para atormentar para siempre al género humano y que lo único que quedaría dentro sería la esperanza? ¡La esperanza! Maldita esperanza, me río de la esperanza ¿Cómo no había una etiqueta de advertencia? Y, luego, todo el mundo exclamaría: Oh, Pandora, ¿dónde está tu fuerza de voluntad? Te dijeron que no abrieras esa caja, tú, chica fisgona, mujer de insaciable curiosidad, contempla ahora lo que has hecho. Y ella se defenderá. Para empezar era un ánfora, no una caja, y, además, cúantas veces tendrá que decirlo, ¡nadie le dijo que no la destapara!
 
En nuestra vida hay muchos secretos que nunca conoceremos. Y que tal vez, no deberíamos conocer. Por nuestro bien.
 
Ninguno de nosotros sabe los posibles derroteros que nuestras vidas podrían, y quizá deberían, haber tomado. Probablemente esté bien así. Hay secretos que deben permanecer ocultos para siempre. Si no, preguntad a Pandora.







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