Nunca te enamores de mi sonrisa, de mis labios y de mis ganas de besarte. Nunca te enamores de mis sueños, de mis ambiciones, de mi pelo y de mis múltiples proyecciones.
Nunca te enamores de mi forma de andar, de mi piel y de mi sabor. Nunca te enamores de mis pésimos chistes, de mi forma peculiar de mover la cabeza y de la insensatez de mis preguntas. No lo hagas de mi curiosidad ni de mis manías. Nunca te enamores de mi ropa, esa que siempre va a juego. O de mi ropa interior, que también.
Nunca te enamores de mis viajes, de mis historias, de mis lunares. No te enamores de mi cara, de mis ojos y mis pestañas sin rímmel. Tampoco lo hagas de mi ingenuidad ni de mi mala leche. Nunca te enamores de mi forma de bailar, de mis lugares favoritos o del vino que más me gusta. Y ni se te ocurra enamorarte de mi deseo incontrolable por verte y estar a tu lado todos los días.
Nunca te enamores de mis aficiones, de mis canciones y mis libros. Tampoco de mi talla 38 ni mi perfume. Nunca te enamores del azul o del verde, mis colores favoritos. Ni de mis dedos entrelazando la almohada. Nunca te enamores de mis besos, de mis abrazos y de los secretos que te cuento mientras duermes. Tampoco de la complicidad que tengo contigo, solo contigo, cuando hacemos el amor.
Nunca te enamores de mí. Hazme caso.
Enamórate de ti.
Enamórate de tu sonrisa, de tus labios y de tus ganas de besarme. Enamórate de tus sueños, de tus ambiciones, de tu pelo y de tu ausencia de proyecciones.
Enamórate de tu forma de andar, de tu piel y de tu sabor. Enamórate de tus pésimos chistes, de la forma peculiar de quitarte los zapatos y de tu ausencia de preguntas. Hazlo de tu curiosidad y de tus manías. Enamórate de tus calcetines, esos que casi siempre tienen un color llamativo. O de la ausencia de tu ropa interior.
Enamórate siempre de tus viajes, de tus fotos que cuentan historias y tus lunares. Enamórate de tu cara, de tus ojos y de tus pestañas. Hazlo de tu bondad y generosidad y tu mala leche. Enamórate de tu forma tan graciosa de bailar, de tus lugares favoritos o del vino que más te guste. Y ni se te ocurra no enamorarte de tu deseo incontrolable por verme y estar a mi lado todos los días.
Enamórate de tus aficiones, de tus canciones y tus libros. Enamórate de tu talla y tu color favorito. Enamórate de tus dedos entrelazando la almohada. Y enamórate de tus besos, de tus abrazos y de los secretos que cuentas mientras duermes. Enamórate de la complicidad que tienes conmigo cuando hacemos el amor.
Y ya cuando te hayas enamorado de ti... entonces si quieres, hazlo de mí. Porque el amor no entiende de necesidades ni de medias tintas.
Me gustaría decirte, mirándote muy cerca lo increíblemente bonita que eres. Que fuera lloviera, casi como hoy, y que nos tapáramos.
ResponderEliminarEs mi sed por ti. Y los engaños que la sustituyen. Lo sé.
R.
Amigo, amante, romance imaginario.
EliminarEn este momento no me apetece ni eso. Imagina algo real. No.
Espero no tener por tu parte una represalia imaginaria de ti, amigo imaginario ;-))