miércoles, 4 de marzo de 2015
Libertad frente a destino
¿Todos los seres humanos somos libres? ¿En lo más profundo? ¿Podemos elegir y tomar nuestras propias decisiones?
Una parte de mí quiere creer que somos libres, pero cada vez soy menos ingenua (una pena); y mi experiencia, aquello que he vivido, me lleva a la convicción, sobre la realidad del destino y la predestinación frente a la libertad. Apuesto por convicción por el destino frente a la libertad.
La vida real me ha demostrado que el destino es un poder sobrenatural e ineludible que guía mi vida y la de cualquiera a un fin no escogido, de forma necesaria, y en forma opuesta a la del libre albedrío o libertad.
El destino es un poder supremo. Es inútil el intento de afirmar libertad frente a destino. Escogemos tan pocas cosas en nuestra vida.
"Los dioses griegos vivían en el seno de la naturaleza. Su poder no era ni invisible ni inalcanzable para la libertad humana. Lo verdaderamente sobrenatural en los griegos comienza con el fatum (destino), con el poder invisible que ninguna potencia natural llegaría nunca a dominar, contra el que ni siquiera los dioses inmortales tenían nada que hacer" (Schelling)
Lo que me asusta no es la lejanía de ese horizonte hacia el que ando, sino que deje de haber camino, esperanza y destino.
Y es que tan eficaces como invisibles a simple vista, igual que las raíces profundas de un árbol duradero, así a veces algunas maniobras del destino.
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