domingo, 2 de agosto de 2015

¿Y brillar?



Hay cosas que a veces se nos olvidan, como brillar, por ejemplo.

Tendemos a dejarlo todo perdido, cada una de las veces que alguien intenta descuartizarnos y lo consigue.

Yo recuerdo una de esas veces, tenía 5 ó 6 años y mi labio y mi nariz sangraban de manera abundante, descontrolada.

Montando en los coches de choque con (no recuerdo con quien), en un choque por detrás salí disparada contra el volante, unos años después aprendí que aquello era la fuerza centrífuga.

Recuerdo el pulso inexistente de aquel volante, su tacto frío contra mi cara. Probablemente con la misma sensación que debe tener un mosquito estampado contra el parabrisas. Pero no era un mosquito, era yo, la niña, rota y ensangrentada. Que estampa tan "gore". El olor y el sabor de la sangre, hierro, su ir templándose tras manar de la herida, su ir secándose conforme iba cubriendo recorrido.

Mi madre corriendo y horrorizada al verme, callada y sangrando, de nada iba a servir ponerme a llorar. Y llevarme a la casa de socorro.

Recuerdo al "practicante" con mucho cariño entre las brumas que otorga el tiempo, ojalá pudiese recordar su rostro. Yo le preguntaba que es lo que iba a hacerme con aquella aguja, tan tranquila, y él me contestaba explicándome como me iba a coser y me decía que no me preocupase.

El resto no importa.

Después la vida te da golpes mucho peores y en los destiempos en que ya no encajas como cuando eres una niña frágil. Bueno, ya lo sabes, seguro que también te han pasado cosas parecidas.

Y claro, te acuerdas de todo.

De todo se aprende, de los golpes, de mi madre y del "practicante". Hicieron que me sintiera segura en esos momentos. Y lo que tienes es lo que hay.

Algo cambió a partir de entonces en mi percepción de las cosas y de la gente, nunca he dejado de llevar mi espada de madera envainada entre el cinturón y la falda, a la vista solo la empuñadura sobresaliendo por debajo del babero abrochado solo del botón de arriba y a modo de capa.

Con mis cicatrices como signo de haber sobrevivido a cruentas batallas, no he dejado de mirar al horizonte con la firme convicción de que es necesario brillar siempre, aunque sea por la luz que refleja mi propia sangre.

Brillar.





Buenísimos días querid@s y no tan querid@s,

Es domingo,

Ella sólo quiere a alguien que le haga sentir que el otoño  es primavera. Que le haga olvidar que alguna vez estuvo triste. Alguien que hable con ella mientras habla dormida. Que cuando no la entienda, tan sólo le bese la frente. Alguien con quien compartir un café y por qué no: la vida.

¿Café?




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