viernes, 29 de enero de 2016

Una balsa



Es lo que más agradecí en esos momentos, un sitio al que aferrarme cuando sentí que empezaba a hundirme.
 
Esas manos que me parecen enormes al lado de las mías, que me aprietan y abrazan con fuerza, me la transmiten y me calman casi al momento.
 
Mis amig@s que siempre me hacen sonreír y que me olvide por un momento de todo.
 
Mi madre y mi hermano, mi familia en general, que me hacen sentirme en casa.
 
Es mejor que tomarme un Lexatin, porque son reales, porque les toco, me tocan, nos sentimos...
 
Me calman después de meses convulsos y difíciles para mí, principalmente por un mundo afectivo-amoroso del revés, y la enfermedad y muerte de mi padre de una forma tan rápida e inesperada.
 
Ha sido como morirme un poco yo también, porque he estado como ausente de todo, me perdí, huí de mí misma, ayuné y bebí, incluso en algún momento me pareció levitar, sentí el cuerpo vacío, agotado y dolorido, toqué casi fondo, follé con desesperación, y luego, me pareció que todo lo había vivido una Marta diferente. Para después, aferrarme de nuevo a la vida. Reencontrarme. Estar bien.
 
Que importante fue para mí, es, que me dijeran "estoy contigo", esas dos palabras fueron suficientes para calmar mi cuerpo.
 
Esa balsa a la que me agarro se esconde en un abrazo. Dentro de la cama. En un cocido. En un "tengo muchas ganas de verte". En las risas. En un buenos días. En la mantita del sofá viendo una peli. En mi dolor de espalda cuando no paro en todo el día. En esas palabras a tiempo. En los besos. En un paseo y un vino. En una canción. En una pregunta. En un silencio...
 



 

Buenísimos días querid@s y no tan querid@s,
 
Es viernes,
 
No siempre podemos decir qué es lo que nos mantiene encerrados, lo que nos confina, lo que parece enterrarnos, y sin embargo, sentimos ciertas barreras, ciertas rejas, ciertos muros. ¿Es todo ello imaginación, fantasía? Yo no lo creo. Y entonces nos preguntamos: Dios mío, ¿va a durar mucho, va a durar siempre, va a durar toda la eternidad? ¿Y sabes qué es lo que nos libera de esa cautividad? Un afecto muy profundo y muy serio. Ser hermanos, ser amigos, el amor, eso es lo que abre las puertas de la cárcel gracias a un poder supremo, a una fuerza mágica. (VINCENT VAN GOGH, carta a su hermano, julio de 1880).
 
La vida me supo mejor el día que mezclé mi café con tu sonrisa, ¿café?




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