lunes, 26 de julio de 2021

Historias basadas en cualquier historia


Siempre hay diferentes puntos de vista incluso para recordar. En el caso de las relaciones pasadas siempre va a depender de cómo haya acabado la historia en cuestión, si has dejado o te han dejado, si te han hecho daño o has sido tú el que lo has hecho..... No tienen por qué ser estas ni por qué ser así. Pueden ser la mezcla de las tres o ninguna. Quizá tú tengas otras bien diferentes. Sólo son algunas de las que conozco, de las que he vivido de cerca o de lejos, de las que me han contado. 




1. Hoy, de repente, la memoria me traicionó y te recordé. Me sorprendí a mí mismo con media sonrisa y con brillo en los ojos. No te eché de menos, fue solo una recaída de tantas, pero en ese momento te hubiera abrazado. Cuando los recuerdos me juegan estas malas pasadas pienso en cómo te fuiste de mi vida y a veces, incluso lloro. La mayoría de las veces me acaricio la cicatriz que me dejaste en el corazón, esa que parece en carne viva, creo que por lo inesperado. 

Hoy, de repente, me dio por pensar en lo que fuimos, en lo que nos quisimos, en todo el significado que tenía la palabra amor. Pensé en nuestras primeras veces, en las risas, en las confesiones, en los sueños que compartíamos, en la complicidad, en el sexo. Pensé también en la de cosas que aún nos quedaban por vivir juntos y sabes que no miento si te digo que yo hubiera seguido a tu lado y que te hubiera querido tener en el mío. 

Pero no pudo ser, tú me apartaste, dejaste de mirarme a los ojos, y yo que te conocía tan bien, supe que era un adiós. Entendí después de tiempo, reconozco que me costó, que mi vida en la tuya ya no aportaba nada, así que me replegué y decidí mirar de lejos, como hice con mis hijos cuando empezaron a caminar, pendiente de echarte los brazos por si caías. Y pasó el tiempo, mucho tiempo. El otro día nos vimos y nos sonreímos, los dos con unas vidas tan alejadas ya el uno del otro que cuando rehuiste mi mirada supe que nunca me voy a curar de tu desamor, que no quiero hacerlo y que me dejaste incapacitado para siempre. 

También es verdad que fue mejor así, sin rencores, sin palabras hirientes, sin ruido. Muy en tu estilo de no querer dar explicaciones y muy en el mío que siempre odié las despedidas. 

En ese silencio descubrí que no nos necesitamos para ser felices, ni para continuar una vida llena de mentiras, ni para estar enteros. No nos hicimos falta en tantos momentos que pasamos y cuántas cosas han ocurrido desde entonces. 

Ya no te echo de menos y supongo que no quiero que regreses, puesto que la herida fue demasiado profunda, pero en este silencio, de repente la memoria te trae a mi lado, y reconozco que los recuerdos son solo gritos al aire para que sepas que te quise, que aún te quiero, aunque ya no podamos volver a ser quiénes fuimos. 



2. A veces siento la necesidad de hacer daño. Quisiera joder a quien me hirió, estropear la sonrisa y las esperanzas y los sueños que pisaron los míos y lo pienso entre insultos y odio. 

En ocasiones ansío la frialdad del psicópata. Quiero ser capaz de herir aunque sea por rencor. 

Saber que nunca volverá a besar a nadie como lo besé yo, que no volverá a follar tan desnudo como entre mis piernas, que no podrá ni andar si no soy yo su camino. 

En ocasiones soy consciente de por qué estoy aquí y de este modo, lo culpo y lo responsabilizo y le echo toda la mierda que tengo acumulada en el trastero.

A veces quiero estropearle la vida para igualarla a la mía y que empecemos de cero en distintas direcciones.

En realidad lo que quiero, a veces, cuando tengo la necesidad de hacer daño, es dejar de sufrir. 

Ansío echar a un lado la empatía, cambiar la escala de valores, limpiar mis heridas y coserlas.

En ocasiones, cuando soy consciente, buceo sola entre basura intentando respirar.

Y me digo que pocas cosas hieren como las palabras. 

Ya no te quiero, pienso en decirle. Ya no espero nada de ti, ni de nosotros. Qué hija de puta la espera, asesinando sueños y esperanzas.



3. Hoy me han hablado de ti.

Que eres feliz me dijeron, que mil batallas ocupan tus días y que hay alguien que te acompaña.

Que aún sonríes cuando sabes de mí y quiero pensar que lo haces con nostalgia. 

Hoy me han hablado de ti y sé que la vida aún no te devolvió todo lo que te debe. Tampoco a mí.

Hoy alguien abrió la caja de los recuerdos.  Un nombre, una frase: ¿sabes a quién ví el otro día?

Me gustaría saber si eres aún invierno, si sigues sonriendo de lado o si te quedas callado cuando algo no te gusta. 

Me gustaría saber si conservas aquella camisa de lino (yo si guardo la mía), si volviste a escuchar aquel CD que te regalé y que fue de tus amigos. 

Me gustaría saber si llenaste tus silencios de gemidos, si te sigues estremeciendo cuando te besan el cuello y si aún miras desde la barrera lo desconocido. 

Me gustaría saber por qué nos dejamos, sí fue la vida o el tiempo o cualquier otro motivo. 

Qué hiciste todos estos años, si tu familia (que un día también fue mía) está bien, dónde fue a parar nuestra furgoneta. 

Te preguntaría qué recuerdas de mí, o mejor aún, si me recuerdas.

Hoy que me han hablado de ti, me gustaría saber. 











Buenísimos días querid@s y no tan querid@s, 

Es lunes, 


Una relación de pareja no es lo que la mayoría piensa que es. No se despierta uno cada mañana para hacer el desayuno y comer juntos. No son abrazos eternos en la cama y palabras dulces hasta que los dos se duerman. No es una casa limpia llena de risas y amor todos los días. No es perfección.
Una relación de pareja es alguien que te roba la manta en mitad de la noche. Es a veces mal genio y palabras duras. Es estar de pronto y obstinadamente en desacuerdo, aceptar los momentos silenciosos hasta que los corazones se curen y perdonen. Es llegar a casa y encontrar a la misma personas todos los días, es monotonía. Es ropa sucia y camas sin hacer. Es orgullo cuando se trata de razones. Es tragarse las molestas palabras en lugar de decirlas en voz alta para no lastimar al otro. 
Pero en esas amargas experiencias se encuentras los más bellos regalos. Una relación de pareja es tener en tu vida a alguien que se preocupa por ti a pesar de qué y quién eres, a pesar de tus errores e imperfecciones. 
Es alguien que ayuda en este duro trabajo de la vida. Es colaboración mutua, hacerse la cena entre los dos y sentarse juntos, a una hora tardía, porque los dos tuvieron un día loco. Es tener una crisis emocional y que tu pareja se acueste contigo y te sostenga, y te diga que todo va a estar bien. Y tú le creas.
Se trata de seguir amando a alguien a pesar de que a veces te vuelve absolutamente loco. 
Amar a alguien no siempre es fácil, a veces es muy difícil. Pero es increíble y reconfortante. Una de las mejores cosas que alguna vez vas a experimentar en tu vida (@kokuhga)


Hoy he cambiado el café por una Coca-Cola (como estará mi cuerpo).




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