La avaricia es -como la lujuria y la gula-, un pecado de exceso. Sin embargo, la avaricia (vista por la Iglesia) aplica sólo a la adquisición de riquezas en particular.
Tomás de Aquino escribió que la avaricia es un "pecado contra Dios, al igual que todos los pecados mortales, en los que el hombre condena las cosas eternas por las cosas temporales".
(Yo de momento es lo único que conozco y que tengo cierto, que mi vida es temporal).
En el Purgatorio de Dante, los penitentes eran obligados a arrodillarse en una piedra y recitar los ejemplos de avaricia y sus virtudes opuestas.
Avaricia es un término que describe muchos otros ejemplos de pecados. Éstos incluyen deslealtad, traición deliberada, especialmente para el beneficio personal, como en el caso del soborno. Búsqueda y acumulación de objetos.
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