viernes, 6 de julio de 2012

Borradores



A menudo tendemos a creer que el pasado es pasado. Que no lo volveremos a ver. Como si estuviera grabado en una pizarra mágica y lo hubiéramos borrado. Creemos también que con los años hemos hecho desaparecer los errores de juventud, sus amores de pacotilla, sus fracasos, sus cobardías, sus mentiras, sus pequeños acomodos, sus falsedades. Pensamos que hemos barrido todo aquello. Que lo hemos dejado bien escondido bajo el felpudo. Nos decimos que el pasado tiene un buen nombre: pasado. Pasado de moda, pasado de fecha, sobrepasado. Enterrado. Estamos ante una página nueva. Una página nueva que lleva el bonito nombre de futuro. Una vida que enarbolamos, que nos enorgullece, una vida que hemos elegido, por fin. En el pasado, en cambio, no siempre podíamos elegir. Sufríamos, nos influían, no sabíamos que pensar, nos buscábamos, decíamos que sí, decíamos que no, decíamos puede, sin saber por qué. Para eso se inventó la palabra pasado: para meter en ella todo lo que nos molestaba, lo que nos hacía ruborizar o temblar. Y entonces, un día, vuelve. Arrambla con el presente. Se instala. Contamina. E incluso termina por ensombrecer el futuro. 

2 comentarios:

  1. Creo que el insulto de ayer a tu persona, en todo caso, más que comentario, me temo que provenga, Marta, de tu pasado, de un pasado muy reciente.
    Con paciencia y según vaya transcurriendo el tiempo, todo ese "ímpetu" perderá fuerza, y todo volverá a su cauce.
    No obstante, no dejes que enturbie ya no tu futuro, sino tu presente.
    Mucho ánimo.

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    1. Gracias. Tengo todo el animo del mundo, estoy y soy fuerte. Afortunadamente no me afectan esos comentarios, provengan del pasado o no.
      Recojo tus buenos deseos.
      Un abrazo.

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