El ser humano necesita agarrarse a verdades absolutas, encontrar seguridades en un mundo siempre cambiante. En estas creencias monolíticas se basan las grandes religiones, que no permiten cuestionamiento alguno de su dogma, pero también la ciencia y la economía han padecido el mismo mal. Pensamos que ciertos pilares jamás se moverán de sitio... hasta que el edificio entero se viene abajo y nos damos cuenta de que la realidad es algo muy distinto de lo que habíamos creído.
La verdad, cualquier verdad, es provisional como la vida misma. Es únicamente un punto de apoyo que nos sirve hasta que una verdad nueva sustituye a la vieja. También en nuestra vida personal nos aferramos a creencias limitadoras.
Hay un cuento muy conocido de Jorge Bucay que explica de forma muy clara en qué consiste la barrera psicológica en nuestra vida cotidiana. Lo hace a través de la historia de un elefante. Lo transcribo:
Un niño observaba en un circo un enorme ejemplar que, después de hacer gala de gran fuerza durante su número, permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo, con una cadena que aprisionaba sus patas. Era Obvio que tenía que ser capaz de liberarse con facilidad de aquel pequeño trozo de madera. El niño se preguntaba qué sujetaba entonces al animal.
Muchos años después, alguien le contó que aquella bestia del circo no escapaba porque había estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño. En aquel momento, el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca era demasiado grande para él. Lo intentó hasta el agotamiento, un día tras otro, por lo que el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Ese elefante enorme y poderoso tiene grabado el recuerdo de su fracaso cuando era diez veces más pequeño. Jamás ha vuelto a poner a prueba su fuerza.
Ciertamente es muy ilustrativo. Del mismo modo que ese elefante, muchas personas que en el pasado no fueron capaces de conseguir algo (encontrar pareja, cambiar de trabajo, aprender un idioma, una nueva habilidad...) siguen clavadas a una estaca que podrían derribar con solo dar un paso hacia delante. Es decir, todas las verdades son provisionales. De nosotros depende cuestionar la realidad y decidir dónde está el límite. Y es que nadie llegará muy lejos a menos que no haga lo imposible como mínimo una vez al día. Hay que derribar nuestras barreras psicológicas.
No eres mas que una puta engreída.
ResponderEliminarAlguien me ha dejado este bonito e instructivo comentario, que por supuesto publico. Y contesto a este elemento/a que lo que yo sea o deje de ser, lo que haga o deje de hacer con mi vida y con mi cuerpo creo que es única y exclusivamente asunto mío.
ResponderEliminarY agradecerle que me siga y que me lea, también, por supuesto, su valentía y arrojo por hacer el comentario como anónimo.
No dejes de seguir participando por favor.
Marta,al igual que tu, yo en ocasiones también he sido centro de este tipo de comentarios, y siempre he dicho que la envidia es muy mala, además de que no ofende quien quiere, sino quien puede. Esta "persona", debe de tener una vida muy triste y amparándose en el anonimato, pues dando la cara seguramente no lo haría nunca,(los cobardes, son así).Tu eres una persona culta, con educación y con muchos valores de los cuales este personaje carece. Pasa página pues no merece la pena prestarle la más mínima atención.
ResponderEliminarMuchas gracias Luis por tus palabras.
EliminarEs obvio que no le presto atención y que me importa muy poco como me califique, allá el o ella. Dice mucho de su persona.
El mejor desprecio es no hacer aprecio. Tu sigue adelante. Muchos te leemos y queremos.
ResponderEliminarJuan
Gracias Juan.
EliminarUn beso.