No quiero ni busco que me comprendan, sólo que me acompañen con un gesto, con una palabra. Sólo quiero sentir que soy respetada, querida, valorada, sin que me hagan ningún juicio.
¿Porque quién puede ponerse dentro de otra persona para saber lo que siente, piensa, desea y anhela?
¿Puedes ponerte en mi piel y saber porque hago las cosas de un modo y no de otro? ¿No, verdad? Yo tampoco puedo hacerlo. Por eso no juzgo tus razones. Intentaré entenderlas, pero si aun no entendiéndolas me importas, las respetaré y estaré contigo.
Pero es que nos encanta juzgar y definir a los otros. Nos encanta etiquetar y constreñir.
Dejemos que los demás sean en libertad. Quizá así nos dejen ser a nosotros de la misma manera.
Me siento afortunada.
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