miércoles, 28 de noviembre de 2012

Falsa modestia





¿Por qué tenemos que ser modestos?

¿Por qué está mal visto que pensemos y digamos de nosotros mismos que somos buenos, los mejores?

No quiero moderarme, cada día me gusta menos la moderación. 

No quiero restarle importancia a mis virtudes y logros. Y no hablo de la modestia entendida como humildad, sencillez o timidez, sino a aquella que quiere encauzarnos como individuos "iguales" en la sociedad con un comportamiento estándar. 

¿Por qué tengo que restar importancia a mis virtudes, a mis logros y sólo reconocer mis defectos y errores? Puedo reconocer ambos.

Será que cada vez soy más mundana y me alejo un poco todos los días de lo que me enseñaban en las clases de religión: humildad, estudiosidad, modestia en el vestir, modestia en el comportamiento. Y es que ahora mi excelencia personal se dirige no en amar a Dios sino a satisfacer mi ego y apetencias. No modero el deseo ni busco la verdad según la fe o la razón. No evito la curiosidad aunque sí la negligencia (punto para mí). Tampoco soy modesta en el vestir ni en cuanto a adornos se refiere. Sí, definitivamente, cada vez soy más mundana. Y, sí, definitivamente, creo que debemos huir como de la peste de los falsos modestos. 

Prefiero tener autoestima y decirme a mí misma que tengo mis defectos, los conozco, los comprendo y me los perdono. No hacer trampas conmigo misma y procurar tener respuestas para casi todo. Yo me asumo. Me quiero. Creo que soy una mujer formidable, guapa, inteligente, dotada. No vale la pena que me esfuerce para gustar a los demás. Sólo afirmándome en positivo, diferente y liberada del sentimiento de culpa, tendré éxito con mi vida. Avanzo, no pierdo el tiempo, me libero, reino y gano haciendo lo que quiero.

Punto final.




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