El otro día leía en un suplemento dominical que Leonard Cohen había vuelto ha fumar. Sí, ya se que esto dista mucho de ser una noticia, pero es que es Leonard Cohen, y además se trata de una recaída programada para celebrar su 80 cumpleaños. Lo cual me lleva a preguntarme: ¿cuándo es el momento de dejar de sacrificarse por el futuro y disfrutar el presente?, ¿es posible morir de viejo y dejar un cadáver feliz? Llegados a una edad, ¿merece la pena saborear los placeres prohibidos -fumar, beber, comer grasa- aunque eso pueda robarnos unos años? ¿Nos compensa vivir más felices que vivir más?
Creo que cuando una persona tiene la sensación de que le queda poco tiempo, el impulso natural es disfrutar al máximo cada segundo en la manera que esa persona entienda el disfrute.
Y muchas veces ese disfrute, seamos sinceros, entra directamente en confrontación directa con las recomendaciones y prescipciones que recibimos para reducir los riesgos de padecer ataques al corazón, embolias, fallos renales, una variada gama de cánceres y un amplio catálogo de enfermedades que pueden acabar con esta enfermedad mortal de transmisión sexual que es la vida.
La gente no solo queremos alargar la vida, sino también nuestra felicidad. Un exceso de celo tampoco creo yo que sea beneficioso.
Sea como sea, decidir volver a fumar, tomarse un par de copas al día o echarle sal con alegría a la comida a partir de cierta edad, tiene también que ver con el deseo de abandonar todo tipo de límites que no hayan sido impuestos por nosotros mismos. Común y reincidente es preguntarnos hasta qué punto podemos decidir sobre nuestra vida y llega un momento, en el que tomar el control, incluso en contra de la presión familiar y de los consejos médicos, es tentador.
Además, si esta acción, en principio, nociva, está relacionada con un consumo litúrgico, entran en juego más variables. Al retomar el tabaco, o sacar la coctelera del armario del fondo se produce un engaño de percepción. Nos surge una especie de ilusión de ganancia de tiempo. Me siento joven haciendo lo que hacía cuando tenía 20 ó 30. No solo me muero de gusto con una calada o un whisky, sino también sentir lo que sentía antes, recordar a través de los sentidos todo lo que está relacionado con una costumbre, unos tiempos sin tantas preocupaciones y amenazas. Quizás más libres. O tal vez no.
Qué coño, a cierta edad creo que se han ganado el derecho a hacer lo que realmente deseen con su vida. Como Cohen, tipo interesante donde los haya, no dejéis de escucharle.
http://youtu.be/Ki9xcDs9jRk (Dance me to the end of love)
http://youtu.be/1MPw8pPIlOc (In my secret life)
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