viernes, 7 de noviembre de 2014

La mirada del otro



Uno de los mayores miedos es el rechazo. Sentirnos abandonados, despreciados y descuidados por nuestra tribu, esto dispara todas las alarmas de la existencia. Porque el poder de las relaciones se basa en la capacidad que tenemos de generar vínculos estables, duraderos y de protección. No obstante, las experiencias que hemos vivido a veces conforman estilos afectivos diferentes. A mí me pasa. Unas veces he aprendido a incluirme, otras a excluirme. Es como un destino. Tarde o temprano acabo dentro o fuera. A veces, también me descartan. A veces, me autodestierro.

Pero no quiero un reconocimiento en negativo, antes prefiero ser completamente ignorada.

Mucha gente hace grandes esfuerzos, se cargan con responsabilidades o llaman la atención con tal de recibir aplausos, agradecimientos y valorización. Puede que confundan el medio con el fin.

A mí el acto sincero de reconocimiento que me vale es ser aceptada y querida por lo que soy y no por lo que hago, aparento o logro.

Si nadie me ve, ¿existo? Debería ser suficiente con que yo misma aprecie quién soy, como soy y lo que hago, mejor o peor.

Sin embargo, pronto llega la mirada del otro. Una forma de percibirnos que tanto puede ser apreciativa como despreciativa. O peor aún, ser vistos y no vistos. Ahí se encuentra el secreto del equilibrio entre lo interno y lo externo. ¿Hasta dónde sé apreciarme? ¿Hasta dónde necesito ser apreciada? ¿Hasta dónde me afecta el desprecio externo?

Me parece que sería muy bueno introducir la escucha en un mundo demasiado visual. Mi problema es estar desnutrida de ser escuchada más que de ser vista. Quizá a mí también me pase lo mismo.

Creo que ha llegado el momento en que más que reforzar mi sentido de la vista, necesito afinar el oído y también el tacto. De pronto me parece ineludible educar mi mirada, amplificar mi oído y apreciar vuestra calidez.






http://youtu.be/pUjE9H8QlA4 (Waves)
Que disfrutéis la canción, a mi me gusta mucho, será de tanto escucharla ;-)











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